Las perlas

Perlas… su sólo nombre evoca maravillosas joyas que han estado presentes en muchas épocas de la historia. Un collar de perlas
cultivadas es una joya clave, capaz de revalorizar cualquier estilo.

Hasta principios del siglo XX, las perlas naturales estaban sólo al alcance de las grandes fortunas. En la antigua Roma eran consideradas como el más alto símbolo de posición social; durante el Renacimiento, en algunos países de Europa, las perlas estuvieron prohibidas para aquellas personas que no pertenecían a la nobleza y en el descubrimiento del Nuevo Mundo, al encontrarlas en las aguas de la América Central, contribuyeron a la riqueza del Viejo Continente.

Se cuenta también que, en el año 1916, el famoso joyero francés Jacques Cartier, compró su lujoso establecimiento en la Quinta Avenida de Nueva York, al intercambiar dos collares de perlas por su valiosa tienda de joyería.


¿Qué ocurrió para que las perlas dejaran su aureola súperelitista para acercarse al consumo de muchas más personas?. Sencillamente, que la mano del hombre consiguió una maravilla prácticamente idéntica, pero mucho más asequible: las perlas cultivadas. ¿Cuál es el secreto de este hallazgo?.

Un Milagro Marino.

Las perlas cultivadas se forman de manera casi idéntica que las perlas naturales. También ellas son el más bonito regalo del mar… Todos sabemos que las perlas, a diferencia de las demás piedras y gemas preciosas, no se extraen de la tierra. Su nacimiento es casi un milagro que se opera misteriosamente dentro de las profundidades marinas.

Cuando un objeto extraño o una partícula de arena penetra en el delicado cuerpo de una ostra, provocando una molestia, ésta se defiende del objeto extraño segregando una sustancia cristalina y dura, llamada nácar, que la envuelve hasta que, con el paso de los años, queda totalmente encerrada dentro de una capa cristalina:ha nacido una perla.


¿Qué mecanismos son precisos para conseguir las perlas cultivadas?. El proceso empieza de la misma forma que en las formas naturales: por medio de las ostras, pero se les implanta intencionadamente el objeto irritante, en lugar de esperar que el azar realice su obra. Entonces la naturaleza y la ostra, ayudadas por la mano del hombre, realizan nuevamente el milagro. Un milagro que se multiplica y da lugar a un número extraordinariamente mayor de perlas.

Del Mar a la Joyería.

Hay que tener en cuenta, que a diferencia de las perlas de imitación, las perlas cultivadas nunca son exactamente iguales. Por eso los maestros joyeros tienen que hacer una cuidadosa selección para conseguir una cierta uniformidad de forma, tamaño, lustre y color. Un especialista joyero a veces tiene que escoger entre muchas miles para encontrar las perlas suficientes, tan similares entre sí como para ser ensartadas juntas y formar un solo collar.


Las Perlas y la Moda.

Los grandes creadores de Alta Costura han acudido a las perlas como una de sus joyas favoritas. Son famosas las perlas de Chanel y tantas otras manifestaciones de auténticas obras de arte en la joyería. El collar de perlas cultivadas es un accesorio que no falta casi nunca en el joyero de una mujer elegante.

Se puede asegurar que el collar de perlas es una joya con la que siempre se acierta y que se puede adaptar a distintas formas de vestir y tomar distintos aspectos, según los conjuntos con que se quiera combinar. Un collar corto, generalmente de tres vueltas, ajustable a la parte media del cuello, combina muy bien con vestidos con cuello a la caja o en escote en V. Si es corto y de una sola vuelta, puede combinar con cualquier prenda de vestir de aire sport -blusa, jersey- o hasta con un traje de noche.

El tamaño llamado “Princesa”, de entre los 43 y los 48 cm, es el más apropiado para cuellos redondos y altos. El “Matiné” de 50 o 60 cm va muy bien con ropa sport o profesional y con los conjuntos de lana de jersey y chaqueta. En cambio, el largo “Ópera”, de 71 ó 86 cm, cuando se usa con una sola vuelta, encaja muy bien con escotes altos y redondos. El más sexy y atrevido es el largo “Cuerda” que puede alcanzar hasta una longitud de 1m y 10 cm. Era el modelo favorito de Cocó Chanel. Un joyero puede hacer auténticas maravillas con este collar y colocarle broches secretos para poder separarlo y convertirlo en combinaciones de varias vueltas y brazalete.

No hay duda que la afición a las perlas de los grandes expertos en moda es porque son las gemas más favorecedoras y las que mejor pueden realzar cualquier modelo.”.

Perlas Reales o de Imitación.

A pesar de su aspecto, a veces atractivo, las perlas de imitación, hechas a través de procesos mecánicos, no pueden considerarse nunca una joya. Así como las perlas naturales y las cultivadas son joyas verdaderas, un precioso regalo de la naturaleza, las de imitación no tienen ni mucho menos este valor ni esta aureola casi legendaria.

Las mejores perlas de imitación son hechas con cuentas de vidrio, cerámica, concha o plástico, cubiertas con un barniz hecho de laca y escamas de pescado trituradas para simular el iris y el color de una perla. Por muy perfecta que sea la ejecución, cualquier experto en la materia puede conocer, sólo con verlas, la diferencia entre una perla real y otra de imitación. Pero a veces las técnicas más sofisticadas pueden llegar a tal perfección que dificulten a las personas corrientes el distinguir entre una perla natural o cultivada y una buena imitación. Una buena forma de averiguarlo es con la clásica “prueba del diente”.

Si rozamos unas perlas de imitación con los dientes, notaremos enseguida un tacto suave, como artificial. En cambio, al rozar las perlas naturales o cultivadas se siente una sensación un poco arenosa que proviene de la estructura cristalina del nácar.

Fuente:    http://www.perlasur.com